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Lectura adicional: William R. Estep, Revolucionarios del siglo XVI,
páginas 47–53. (Disponible de la agencia de distribución de la Casa Bau-
tista de Publicaciones en cada país latinoamericano, o de Casa Bautista
de Publicaciones, Apartado 4255, El Paso, TX 79914, EE.UU.)
Cuando mataron a la señora de Paul von Dresden, de Alemania, ella
clamó en voz alta:
O Señor, ilumina a los que tanto sufrimiento nos infligen, para que
entiendan lo que están haciendo. Te doy gracias, oh Dios, que tú me has
tenido por digna de sufrir por causa de tu nombre.
Algunos historiadores dicen que los mártires en el siglo dieciséis
recibieron una fuerza sobrenatural y extraordinaria para resistir con tanta
calma lo que sufrieron. Esto es cierto. Pero la verdad es que la misma
“fuerza sobrenatural” está obrando en la iglesia de Jesús hoy en día. Es el
poder del Espíritu Santo que obra en los que tienen una fe viva en Jesús.
Si nuestra fe nos ha justificado y salvado, si Dios nos ha hecho per
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sonas nuevas, y si andamos en el Espíritu, tenemos la misma capacidad
de sufrir el martirio que tuvo la señora von Dresden y muchos otros.
Cuando los mártires —con la lengua hinchada de quemaduras y fijada
con tornillos a su paladar— sonreían y daban señales de su gozo espiri-
tual, demostraban así que tenían la fe verdadera. Cuando los verdugos
les ofrecían la libertad en vez del martirio, escogían éste.
¿Qué ha hecho tu fe para ti? ¿Estarías dispuesto a hacer lo mismo?
¿Estarías dispuesto a dejar a tus hermanos, a tus padres, a tu mujer, a tus
hijos, y tu casa y tu tierra por el nombre del Señor? Si por la fe lo haces
cuando Dios lo exige, vas a recibir cien veces más después, ¡y heredarás
la vida eterna!
Seamos, pues, discípulos fieles en nuestros hogares, en el trabajo, y
en la hermandad de creyentes. Y si nos llega de repente la persecución,
Dios nos dará gracia para vencer, sí, aun hasta en el martirio. Puede ser
que como Jesús en el huerto nos sintamos débiles al pensar en el sufri-
miento. Pero sabemos que si Dios es por nosotros, nada nos separará del
amor de Cristo: ni tribulación, ni angustia, ni persecución, ni hambre, ni
desnudez, ni peligro, ni espada. “Antes, en todas estas cosas somos más
que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8.37).
¿Por qué no sufrimos más persecución nosotros?
Hoy día la mayoría de los cristianos sufren muy poco por su fe.
Unos se han separado de familias mundanas. Otros han tenido que dejar
un trabajo bueno por sus creencias bíblicas. Pero la mayoría de nosotros
La fe resiste el sufrimiento